Santiago Izquierdo Trancho fugouse, NORABOA COMPAÑEIRO!!

O outro día, escoitando os medios de desinformación, oín como relataban a fuga dun preso peligrosísimo e malísimo e informábannos do preocupadísimos que tiñamos que estar todos.  “Un dos presos máis peligrosos de España fugouse”. Todos os mass merda repetindo unha e mil veces o mesmo lixo. Cando oín o nome non mo podía crer: Santiago Izquierdo Trancho. Os que lestes o libro “Huye, hombre, huye” do noso compañeiro Xosé Tarrío, seguro que vos soa.  Foi un preso loitador e solidario que estreou o fascista réximen FIES da prisión de Sevilla en 1991. O mundo é un pañuelo, este preso foi o primeiro en falar con Xosé cando o levaron ao FIES. 27 ANOS DESPOIS por fin pode voar libre. Trancho alcanzou a liberdade que estes fascista sempre lle negaron, xamais lle perdoaron tantos anos de loita, motíns e solidariedade entre presos.

Así nos relataba Xosé a súa entrada no réxime FIES de Sevilla e o seu encontro co  “peligrosísimo” Trancho:

 

“PRISIÓN DE SEVILLA 2, 30 DE AGOSTO DE 1991

Una veintena de carceleros me aguardaban dentro del recinto carcelario de la moderna macrocárcel, inaugurada recientemente por Antoni Asunción. Apenas me dejaron pisar el suelo cuando me agarraron y en volandas me trasladaron al psiquiátrico emplazado dentro de la prisión. Allí me tumbaron sobre una mesa y me bajaron los pantalones para, seguidamente, practicarme varias radiografías con la esperanza de detectar algún objeto prohibido en mi interior. No llevaba nada. Luego me quitaron los grilletes de la policía y me colocaron otros de la prisión, con los cuales me trasladaron al módulo de aislamiento. Allí me quitaron nuevamente las esposas y me hicieron desnudarme. Me proporcionaron un buzo azul y unas zapatillas de plástico para vestirme.

– ¿Qué pasa con mi ropa? –pregunté.

– Olvídate de tu ropa, pues todo lo que vas a vestir a partir de ahora es un buzo –me respondió el jefe de Servicios.

Me enfundé el buzo y me calcé las zapatillas. Ya engalonado con mi nuevo y flamante traje de presidiario, me introdujeron en una de las celdas del módulo. Se encontraba totalmente vacía, salvo un colchón que cubría la plancha metálica de la cama. Me asomé a la ventana.

– ¿Hay alguien por ahí? –grité.

Al rato una voz me respondió:

– ¿Quién eres?

– Soy José, de La Coruña –me presenté.

– ¿El Che?– Sí.

– ¿Qué pasa, no me conoces o qué? Soy Trancho, joder…

La presencia de mi amigo me reconfortó sobre manera. Era todo cuanto necesitaba en aquel momento en que mi ánimo se encontraba bajo mínimos:

– Me han cogido ayer y aquí estoy. ¿Y tú qué haces aquí?

– Aquí con un buzo, sin patio, sin economato, sin duchas, sin nada… Menuda nos han organizado estos perros.

– ¿Y eso?

– Nos han aplicado un régimen especial, el FIES. Así llevamos un mes y esto parece que puede continuar así por mucho tiempo.

– ¿Estás tú sólo?

– No. Están aquí Víctor, tu paisano Ayude, aunque éste y el Barrot están en otro módulo esposados a la cama. También está el Beni y alguna gente que seguramente no conoces. Todos estamos igual.

– ¿Y por qué te han traído a ti aquí?

– Después del secuestro en Tenerife, Anxo y yo intentamos pirarnos del Puerto 1 a través de los recintos. Nos pillaron…

– ¿Y dónde está Anxo? –le pregunté.

– En Villanubla, y no veas cómo los tienen allí. También han abierto módulos de FIES en Badajoz, en Jaén 2 y otro en El Dueso, que por lo escuchado es el que más guasa tiene.

– Pues lo que nos faltaba ya –respondí a aquella avalancha de noticias negativas.

– ¿No tenéis nada en las celdas?

– Nada. ¿Tú también estás con buzo y chanclas, no?

– Sí.

– Pues estamos todos igual que tú. No podemos ni afeitarnos ni ir a las duchas, así que imagínate como nos tienen.

– ¡Joder! A mi exclamación Trancho respondió con aquella carcajada estruendosa que lo caracterizaba.

– Lo tenemos muy mal, Josiño –me dijo”.

 

Pouco máis que engadir,  compañeiro, que a túa gargallada característica por fin voe máis aló dos miserables muros das prisións.

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