Atraco de el Solitario en Vall d’Uixó: ¿sanguinario atracador de bancos?

 

El 10 de mayo del año 2000 el Solitario atracaba la sucursal de la Caja Rural  San Isidro en la localidad de Vall d’Uixó . Este atraco era especialmente comprometido ya que la sucursal se encontraba muy próxima a la comisaría de la policía local. El atraco se produjo a última hora de la mañana (cuando suele haber más dinero en caja) coincidiendo con el cambio de turnos de los agentes, por lo que hasta 22 policías se encontraban en la comisaría con posibilidad de actuar.  De estos 22 “heroicos profesionales” sólo 5 se atrevieron a acudir a la llamada, el resto siguieron en comisaría haciendo no se sabe que, intuimos que tenían tareas más urgentes que realizar.

Lo que aconteció a continuación más parece sacado de una peli cutre de Hollywood que de la realidad. Jaime Giménez Arbe (el Solitario) se enfrentó a los 5 agentes, sin soltar en ningún momento el maletín con el dinero expropiado y sin más protección que la de un cutre chaleco antibalas bastante antiguo  que más parecía un saco de patatas que otra cosa, ya que pesaba  una barbaridad y daba una burrada de calor. Por increíble que pueda parecer el resultado de tan desequilibrada contienda fue el de 1 agente muerto, otros 2 cojos por heridas de bala en la pierna, otro herido en la cara y en los ojos por las esquirlas de unos cristales de la luna de  los coches y el otro traumatizado de por vida y condenado a 1 año y medio de prisión, por asesinar a su compañero de forma “no querida pero evitable”. El Solitario salió indemne y sólo la mala suerte hizo que se le abriese el maletín, provocando la pérdida de la mayor parte de su botín. Hay que recordar que este señor ni siquiera había hecho la mili (en su autobiografía nos explica que consiguió que le declarasen incapaz gracias a la ayuda del LSD) y su mayor formación armada fue un curso de 2 semanas de duración que le dio un instructor de la policía de Miami, en la etapa que estuvo viviendo en dicha localidad.

El ex policía local José Antonio García Segarra (el madero que se cargó a su compañero), lo recuerda asÍ:

“fue una ensalada de tiros horrible. Era la guerra”… “El Solitario se enfrentó a nosotros en dos fases: la primera, pretendiendo herirnos a alguno para que los demás nos quedáramos atendiéndole; la segunda, tirando a matar”.  Viendo el resultado del enfrentamiento parece que  es más cierto lo de la primera fase que lo de la segunda,  el Solitario sólo hirió a los agentes en las piernas por lo que se intuye que la intención era más herir que matar. Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de nuestros “demócratas” agentes, este mismo agente reconoció en la televisión que había visto al Solitario salir volando tras recibir un impacto de bala en la espalda, que no le mató porque llevaba el precario chaleco antibalas.

José Ramón Quirant, uno de los agentes heridos de bala, diría: “intentaba levantarme porque veía como el ladrón se iba escapando agazapado entre los coches, pero no podía. Apoyado sobre un hierro intentaba incorporarme para poder disparar con mayor acierto, pero no podía”. No deja de ser sorprendente que un agente reconozca que intentó asesinar por la espalda, fríamente, a una persona que huía y encima nos quiera hacer creer que es un héroe por seguir realizando su “honorable” “trabajo” estando gravemente herido. En dicha entrevista, también nos habla de la rabia de no haber abatido a este peligroso delincuente (abatir es un término más propio de la caza, cuando hablamos de personas es preferible utilizar otra expresión como “ASESINAR A SANGRE FRÍA”, por ejemplo) pero mayor fue la rabia cuando oyó a compañeros de la comisaría, decir: “si no hubieras salido a por él no hubiera pasado nada”. Razón no les falta, pero no deja de ser curioso que los mismos “valientes” que machacan a los ciudadanos cuando reivindicamos nuestros derechos y colaboran a la hora de desahuciarnos de nuestras casas, no sean tan “valientes” cuando se enfrentan 5 contra un solo hombre armado.

Sobre la muerte del cabo Ferrandis, el Solitario afirmaría en su libro:

“no puedo dejar de resaltar la enorme falta de profesionalidad de los policías municipales de la Val d’Uixó, que no dudaron en hacer fuego una y otra vez sobre mi persona, estando, como estaba, uno de sus compañeros tan cerca de mí. A este respecto, muchas veces he pensado desde entonces si aquellos policía no tendrían algo contra el cabo Ferrandis, porque, si no, no se explica lo que allí sucedió”.

“De vez en cuando me detenía intentando averiguar la posición de los policías. Aquellos “profesionales” estaban agazapados como conejos tras los vehículos estacionados. Sacaban las manos con sus pistolas por encima de los coches y disparaban sin apuntar, pues tenían más miedo que vergüenza. Los muy irresponsables podían haber herido o matado a cualquier vecino o viandante, pues luego supe que se hallaron impactos en los edificios de viviendas de la zona hasta los terceros pisos”.

Una vez el Solitario se subió en el coche y arrancó un valeroso sargento “salía de su escondite pistola en mano y me disparaba por atrás… una bala impactó en el volante y rebotó alcanzando el radiocasete.  No me dio en la mano por casualidad. Otros dos proyectiles entraron por la ventana trasera rota y perforaron el parabrisas. Otro más perforó la rueda de repuesto del Suzuki que iba fijada en la parte posterior. Y una última bala atravesó el portón trasero y cayó mansamente sobre los asientos de atrás.

Allí, de pronto, me encontré con un Nissan Terrano de la Policía Local que venía hacia mí. Sus dos ocupantes me habían visto y yo a ellos.  Mi Suzuki era inconfundible con aquellos dos balazos en el parabrisas. Además, yo ya sabía, gracias al escáner de radiofrecuencias, que se había montado un enorme dispositivo policial para localizarme y capturarme. Me preparé para un nuevo enfrentamiento, pero… ¡No! Los dos municipales detuvieron su vehículo y no hicieron nada.  Absolutamente nada. Yo tomé el desvío de la carretera hacia mi derecha y aquellos dos hombres ni siquiera intentaron seguirme.

Aunque pueda sorprender al lector o lectora la postura de aquella pareja policial, no era la primera vez que me pasaba algo parecido tanto con la Policía Municipal como con la Nacional o la Guardia Civil. Hay policías sensatos, que no van de héroes por la vida. Parecerá extraño, pero lo cierto es que cuando los polizontes están en parejas, solos en medio del campo, no son lo valientes que aparentan ser cuando están en grupo y en núcleos poblados o en sus cuartelillos y comisarías. Es fácil ser arrogante cuando se actúa en jauría, pero si el policía o guardia civil está solo o en pareja y sabe que el enemigo es rápido, competente y va fuertemente armado, la cosa da un giro copernicano. La máscara de fiero aspecto se disuelve en el sudor frío de su miedo dejando ver la cara asustada del cobarde que en realidad es”.

El proceder de la policía en dicha intervención fue tan “heroico”, que el agente José Ramón Quirant no dudó en dar una conferencia, 14 años más tarde, organizada por el Instituto Táctico de Estudios Policiales, para que más de 70 compañeros de distintos cuerpos y unidades profesionales de la seguridad aprendiesen de tan gran “maestro”.

Para finalizar este artículo os dejo unos comentarios extraídos de foropolicia.es, como se suele decir, como para mear y no echar gota. Ahora que está tan de moda multar a todo el mundo por lo que se escribe en la red, no estaría de más que los agentes se diesen un paseo por dicha página, podrían empezar por multarse a ellos mismos:

“Yo voto por la opción… hay señor juez, que al verse acorralado se suicidó de 4 tiros en el pecho”.

“Mejor aún se metió 45 por el ojo del culo y se vació el cargador al verse acorralado el hijo de…”.

“Menudo hijo de put.a a ver si lo trincan ya y le meten el plomo que se merece”.

“Le tenían que haber dado una pequeña oportunidad de reacción para darle matarile”. A parte de mala memoria, parece que los agentes que se encargan de nuestra “seguridad” son más valientes frente al teclado de un ordenador que frente a un supuesto “delincuente”. Como se puede ver la falta de escrúpulos de nuestros agentes sólo es equiparable a su incompetencia y cobardía.

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